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      Aspasia e Hiparquia – 8M

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      Aspasia e Hiparquia – 8M

      Este año la ilustración del 8M la protagonizan Aspasia de MiletoHiparquia de Maronea, dos grandes pensadoras de la Antigua Grecia que han conseguido trascender hasta nuestros días.

      Aspasia de Mileto fue una maestra de la oratoria y retórica y personaje esencial de gran influencia en la escena cultural ateniense del S.V a.C. Destacó por su elocuencia y su defensa de la emancipación de la mujer y el papel que debía desempeñar en la política y la vida pública. Obtuvo fama y prestigio tras fundar una escuela de filosofía y declamación. Crítica con el confinamiento al que se relegaba al mundo femenino dentro del hermético gineceo, fue acusada de corromper a las mujeres atenienses. Pertenecía a las llamadas hetairas, grupo reducido de mujeres que disfrutaban de inusuales libertades como el acceso a la educación, independencia económica o el ejercicio del arte, poesía, filosofía y otras disciplinas. A día de hoy, a las hetairas se las recuerda como ‘prostitutas de alto nivel con reducido número de clientes, incluso sólo uno’, posiblemente porque también gozaran de libertad sexual. Cabe tener en mente que en la Antigua Grecia al hombre se le permitía mantener relaciones extramatrimoniales, bien con mujeres o con otros hombres, sin que ello supusiera ningún tipo de estigma social. No era esa la situación de la mujer, cuyo destino único era el de convertirse en una esposa sumisa y dedicada exclusivamente a las tareas domésticas.

      Hiparquia de Maronea fue una filósofa perteneciente a la escuela cínica del S.IV a.C. Vivió de acuerdo al estilo cínico: con una idea transgresora de la libertad, rompiendo con los esquemas tradicionales y encorsetamientos sociales, escogiendo una vida sencilla desprovista de comodidades. Fue admirada por su elocuencia y excelentes capacidades retóricas. El lema que acompaña a su figura en esta ilustración es una alusión directa al libro de Michel Onfray ‘Cinismos: Retrato de los filósofos llamados perros’ que describe a los personajes principales de esta corriente filosófica. En este caso, el epíteto ‘perra’ propone darle un significado más allá de las connotaciones negativas que ha aportado nuestra tradición misógina. Y es que ni ‘perra’ ni ‘cínica’ son adjetivos que hayan envejecido muy bien, aunque al mismo tiempo serían los más precisos para encuadrar a Hiparquia dentro de la Historia de la Filosofía. En este libro se relata su confrontación con Teodoro el Ateo, quien, molesto con la participación de Hiparquia en un simposio y herido por el triunfo dialéctico de la filósofa, se limita a levantarle la falda, lo que supone una fábula muy gráfica sobre cómo la falta de argumentos decae en un mero ataque personal a las mujeres. Ella, sin inmutarse, defiende haber elegido dedicarse a su educación en vez de al telar y haber rechazado ‘los trabajos de las mujeres de amplios vestidos’ a favor de la vida intensa cínica.

      Onfray también explica cómo el pensamiento cínico resultó subversivo al desestabilizar los paradigmas de la sociedad misógina y, por tanto, de la griega. La reflexión del autor es inmediata: ‘¿acaso existe alguna que no lo sea?’. La respuesta es no. La primera sociedad no misógina es la que todavía está por llegar y por la que es vital seguir luchando.

      Aspasia e Hiparquia aparecen aquí como mujeres unidas defendiendo sus ideas, retratadas sobre el icónico lekythos, pieza cerámica griega por excelencia. Podría leerse también una segunda vuelta a esa idea de la mujer florero (mujer-lekythos en este caso) y la cuestión sobre la falta de personajes femeninos en la Historia del Arte y de la cultura en general (tan sólo Hipatia consiguió colarse en la célebre Escuela de Atenas de Rafael). La tipografía empleada recrea una estética antigua y hasta el 8M se reescribe con números romanos: VIII-M. Valga como licencia artística este anacronismo, como tantos otros presentes en el dibujo.

      Feliz 8M.

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